jueves, 24 de marzo de 2016

Johan

Me jodiste, flaco. Y ya andaba muy escaso de referentes en las cosas medianamente importantes y vas y me dejas huérfano total en una de las verdaderamente importantes. Y sin avisar. Te has muerto a toda velocidad, casi sin dejar que llegara a preocuparme más allá de una inquietud general de hace algunos meses, de cuando supe que estabas enfermo. Pero ya está. Has decidido irte a explorar el infinito, a llenar de magia y rondos las verdes praderas del Más Allá, dejándonos a los del más acá sorprendidos y solos. Muy solos. Yo pensaba que esos quiebros de larga zancada al límite del equilibrio para meter suavemente el balón en el arco contrario se los harías también a la Parca cuando llegara a saludarte, pero ya veo que no, que has firmado un contrato eterno con Dios. Se lo van a pasar como nunca allí arriba. Estoy seguro.
Hay pocas personas a las que admire. Y personas a las que haya admirado de niño y de adulto, poquísimas. Corría 1975 cuando te conocí. Yo era un niño de diez años y tú la nueva estrella del firmamento azulgrana. Eras ya un ídolo. Mi ídolo. Recuerdo que te invitaron a un club de jóvenes y allí anduvimos rodeándote y peleando entre nosotros – físicamente - por un autógrafo. Al final lo conseguí. Esa firma inconfundible que conservé durante años y que perdí en algún traslado, no así la admiración, que alcanzó su cénit en esa inolvidable época del Dream Team. Sabía entonces que estaba ante algo que cambiaría la historia del fútbol. Nunca supuse que ese cambio sería tan profundo y tan rápido.
Tú no vivías engañado. Tú sabías – porque de tonto no tenías ni un pelo – que no fuiste de los mejores jugadores de la historia. Vaya, ni de coña. No lo eras aunque pasarás a la historia entre los cinco mejores en una genial jugada – otra más – de marketing futbolístico. Pero a mí no me la cuelan. Yo te vi jugar pero sobre todo, te vi entrenar. Me niego a que te rebajen al nivel de mercadeo de un ranking encabezado por Messi – lo demás son tonterías-  y ya después que pongan a quien quieran. De hecho, es una vulgaridad que te comparen con cualquiera de ellos porque tú tenías algo que ninguno de ellos tuvo y no sé si tendrán y es que tú, Johan, sabías qué es lo que tenía que hacer cada uno de ellos para que siguieran siendo los mejores, dónde tenían que jugar y, lo más importante, cómo tenían que jugar. Creo que por eso te ponen siempre en cualquier lista de mejores jugadores: es la forma de homenajear a alguien con cualidades notables en el juego mientras estuviste en el campo pero inigualables en la estrategia, cuando fuiste entrenador. Y digo estrategia y no táctica porque creaste una manera de jugar que sabías que perduraría en el tiempo.

Huiste de lo táctico, del cortoplacismo – incompatible con la miope visión del político, o sea de cualquier Presidente - para crear un estilo de leyenda. Por eso el ranking y esas chorradas son irrelevantes. Has sido incomparablemente más importante que cualquier jugador de la historia porque tú, añorado Johan, cambiaste el fútbol. Lo convertiste en arte. Posesión. Tu frase dicha a lo Johan (o sea cercana a la ininteligibilidad) de “si tú tienes el balón, entonces en un momento dado no lo tiene el contrario” resume de forma genial un concepto de fútbol que rompió todos los moldes. Posesión y que corra el balón. Concepto que creaste tú y sublimó Guardiola.  Por eso tus equipos, y los equipos de tus hijos, y los de los hijos de tus hijos juegan a algo que todos los culés conocemos. No es estilo Barça. Es el tuyo que, con inmensa generosidad, nos legaste.
Dicen que una vez le preguntaron a tu mujer cómo es que después de llevar toda una vida en España hablabas tan mal el castellano, a lo que contestó: “tranquilos, en holandés tampoco hay quien le entienda”. Y añado, ni falta que hacía. Tus ruedas de prensa eran magistrales lecciones de fútbol arreando tremendas patadas al castellano entre grandes risas. Inolvidables.

Jugaste un larguísimo partido contra el cáncer. Un partido que empezaste a perder hace treinta años aunque eso, querido Johan, no lo sabías. Con sorna decías hace algunas semanas que le estabas ganando el duelo a esa tremenda enfermedad. Y algunos quisimos creerte, como siempre. Porque casi siempre tenías razón.
Casi siempre.

Rezo por ti, amigo.

Y ahora dejadme llorar en paz al genio.

2 comentarios:

  1. Joe. Qué pena que haya tenido que irse para que Ud. vuelva.
    Yo también le rezo.
    Abrazo desde Madrit.

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